En Colombia, las víctimas de fraude digital enfrentan un panorama cada vez más sofisticado, donde las estafas ya no llegan en correos mal escritos ni en enlaces torpes, sino que se disfrazan de procesos administrativos reales. El cambio de modus operandi ha sido documentado por Asobancaria, que registró 309.158 reclamaciones por fraude digital en pagos y compras durante el primer semestre de 2025, una cifra que supera los 1.700 casos por día.

El problema es que el 69 por ciento de las víctimas no denuncia el incidente, lo que significa que la estadística real podría ser significativamente más alta. Los delincuentes utilizan cada vez más herramientas de inteligencia artificial para crear documentos falsos, suplantar identidades y generar conversaciones de WhatsApp que parecen proceder del banco o la empresa legítima. La personalización de las estafas hace que sea cada vez más difícil para los ciudadanos distinguir entre una comunicación genuina y una fraudulenta.

Las autoridades colombianas han señalado que la lucha contra este tipo de delincuencia requiere una combinación de educación financiera, mejoras en la verificación de identidad por parte de las instituciones financieras y una coordinación más estrecha entre los organismos de seguridad del Estado. La recomendación para los consumidores es verificar siempre por canales oficiales cualquier solicitud inesperada de datos personales o financieros.