La carrera hacia la presidencia de Colombia en 2026 está escribiendo un nuevo capítulo en la forma en que se hace política en América Latina. Por primera vez, las redes sociales no son solo un complemento de la campaña tradicional sino el escenario principal donde se definen narrativas, se atacan oponentes y se busca el apoyo de los ciudadanos.

Los principales candidatos han comenzado a destinar presupuestos significativos a plataformas como TikTok, Instagram y X, adaptando sus mensajes a formatos de corto alcance que puedan generar interacción rápida. Los equipos detrás de estas campañas han aprendido de las victorias electorales de los últimos años en la región, donde la presencia digital ha sido un factor determinante.

Las encuestas tradicionales, por su parte, han mostrado limitaciones importantes en elecciones recientes de América Latina, lo que ha llevado a varios candidatos a confiar más en los datos que surgen de la actividad en redes sociales. Herramientas de análisis de sentimiento permiten ahora tener una fotografía mucho más actualizada de la opinión pública que los sondeos telefónicos clásicos.

Para los ciudadanos, la transformación digital de la campaña plantea tanto oportunidades como riesgos. Por un lado, hay más información accesible que nunca sobre las propuestas de cada candidato. Por otro, la proliferación de contenido manipulado y la falta de verificación en redes sociales hacen más difícil distinguir la realidad de la propaganda.