Directivos de startups que presumen del llamado “tokenmaxxing” aseguran estar gastando más dinero en cómputo de inteligencia artificial del que les costaría contratar trabajadores humanos. Las facturas astronómicas por el uso de herramientas como Claude o ChatGPT se han convertido, en ciertos rincones del mundo tecnológico, en un indicador supuestamente de crecimiento y éxito.

Un ejemplo reciente: el director ejecutivo de Swan AI, una startup de agentes de programación, compartió públicamente que su empresa alcanzó una factura mensual de 113.000 dólares en uso de Claude, siendo su equipo de apenas cuatro personas. El ejecutivo explicó que ese dinero reemplaza lo que habría destinado a salarios humanos, y que su objetivo es alcanzar diez millones de dólares en ingresos recurrentes anuales con menos de diez empleados.

La práctica ha generado debate. Mientras algunos señalan que el modelo tiene sentido económico cuando el gasto en inteligencia artificial genera diez veces más producción que el costo equivalente en trabajo humano, otros advierten sobre los riesgos de depender de una infraestructura cuyos costos pueden dispararse de la noche a la mañana.

Las grandes empresas están utilizando la inteligencia artificial para justificar reducciones de personal. Las startups, en cambio, la están usando para justificar no contratar trabajadores humanos desde el principio. Lo que ambas estrategias comparten es la misma apuesta: que la inteligencia artificial puede reemplazar no solo tareas específicas, sino funciones empresariales enteras a una fracción del costo.