Los cables de comunicaciones submarinas que atraviesan el océano Pacífico y conectan Estados Unidos con Asia son una arteria fundamental para el tráfico de internet mundial. Muchos de estos cables están controlados por empresas estadounidenses como Google y Meta, y enfrentan un riesgo creciente de sabotage deliberado en aguas del Pacífico.

La mayor parte del daño que sufren los cables submarinos se debe a accidentes con redes de pesca de arrastre y anclas de barcos. Sin embargo, el gobierno de Estados Unidos ha identificado cada vez más el sabotaje intencionado como una amenaza creciente, con actores estatales como China potencialmente involucrados en el espionaje a la infraestructura crítica del fondo marino.

China ha intensificado sus capacidades de vigilancia submarina en los últimos años. Barcos de investigación chinos operan cerca de rutas de cables sensibles, lo que genera preocupaciones en Washington sobre el posible uso de estos datos para interrumpir las comunicaciones o interceptar información sensible que viaja sin cifrar por el fondo marino.

Las cables submarinas transportan aproximadamente el 95 por ciento del tráfico de datos entre continentes. Las principales tecnológicas estadounidenses están evaluando rutas alternativas y mayor redundancia para reducir la vulnerabilidad de sus redes ante posibles interrupciones.