Un estudiante de primer año de secundaria en Radnor Township, Pennsylvania, utilizó herramientas de inteligencia artificial para crear imágenes y videos falsos con los rostros de cinco compañeras de clase, que simulaban material de abuso sexual infantil. Los hechos, descubiertos a principios de diciembre, han generado una investigación criminal y una crisis institucional en el distrito escolar.

Los mensajes de Snapchat interceptados por los investigadores muestran conversaciones entre el estudiante y sus amigos, donde describía el proceso de creación de las imágenes y los precios que cobraba por ellas. Cuando le preguntaron si había admitido la naturaleza del material ante sus padres, respondió “solo el dinero”, sugiriendo que el motivo era puramente económico.

El caso de Radnor Township refleja una tendencia más amplia documentada por investigadores de seguridad: la proliferación de herramientas de creación de deepfakes accesibles para menores sin supervisión parental. Las aplicaciones gratuitas permiten generar contenido realista con mínimo esfuerzo técnico, y la distribución se realiza a través de redes sociales convencionales.

Para América Latina, el fenómeno alarma a los especialistas en protección infantil. Organizaciones de la región señalan que los marcos legales de países como México, Colombia e Argentina aún no contemplan la creación de deepfakes de abuso sexual como un delito específico, lo que crea vacíos de persecución que los agresores podrían explotar.