Las gafas inteligentes Ray-Ban Meta, uno de los dispositivos vestibles más populares de los últimos años, están en el centro de una grave polémica por privacidad. Empleados de Sama, la empresa subcontratada por Meta para revisar y etiquetar el contenido que los usuarios comparten con el asistente de inteligencia artificial Meta AI, han denunciado que se les pidió visualizar escenas que nunca deberían haber sido procesadas.
Entre el contenido revisado por estos empleados había escenas de contenido sexual y otros momentos íntimos grabados inadvertidamente por las gafas, además de datos personales como información bancaria que los usuarios habían compartido sin saber que estaba siendo transmitido a servidores externos. Sama, con sede en Kenia, ha defendido que sus empleados cumplen sistemáticamente con los estándares operativos y de seguridad exigidos por Meta.
Cuando los empleados llevaron el asunto a la dirección de Meta, la respuesta de la empresa fue rescindir el contrato con Sama. Meta ha negado cualquier responsabilidad en el asunto, asegurando que la decisión de terminar la relación comercial fue exclusivamente de la empresa subcontratada.
Lo que sí ha reconocido Meta es que parte del contenido capturado por las Ray-Ban Meta se comparte con revisores humanos para mejorar los sistemas de inteligencia artificial, aunque la empresa asegura que dicho contenido se filtra previamente, difuminando rostros en fotografías y eliminando datos sensibles. La revelación ha vuelto a poner sobre la mesa los riesgos de privacidad de los dispositivos con cámara y micrófono permanentes.
El Chasqui
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