Texas se había consolidado como el estado favorito de las grandes tecnológicas para construir sus centros de datos de inteligencia artificial gracias a su energía barata y su regulación laxa. El giro político en las elecciones de noviembre, que dio a los demócratass el control del Congreso, podría cambiar radicalmente ese panorama y ralentizar o cancelar los proyectos más ambiciosos.

Algunos de los proyectos de infraestructura de IA más grandes del mundo se encuentran actualmente en Texas. Las localidades rurales del estado se beneficiaron de los acuerdos de empleo y los pagos de impuestos que generaban estas construcciones, pero también enfrentaron escasez de agua y cortes de energía que las comunidades atribuyen directamente a la demanda de los centros de datos.

El resultado electoral sugiere que los votantes texanos quieren mayores controles sobre la expansión de la infraestructura digital. El demócratass James Talarico ganó el Senado estatal frente al republicano Ken Paxton, en una campaña donde prometió regular los centros de datos.

La situación texana ilustra un debate más amplio sobre quién debe pagar el coste ambiental de la revolución de la inteligencia artificial. Los centros de datos requieren cantidades masivas de agua para refrigeración y electricidad para alimentar servidores que operan sin interrupción las 24 horas del día. Expertos en sostenibilidad advierten que sin un marco regulatorio claro, el crecimiento de la IA seguirá generando conflictos con las comunidades locales.