Un centro de datos de tamaño medio puede generar tanto calor residual como una pequeña central térmica, y durante décadas esa energía se ha disipado simplemente expulsando aire caliente al exterior. Con el crecimiento exponencial de la demanda de computación para inteligencia artificial, la cantidad de calor desperdiciado se ha convertido en un problema logístico y ambiental significativo.
Varias iniciativas en Europa y América del Norte están explorando sistemas de captura de calor que permitirían utilizar esa energía para calefacción de edificios residenciales e industriales. El modelo más prometedor consiste en instalar intercambiadores de calor entre los servidores y la red de calefacción urbana, de forma similar a como funcionan las plantas de cogeneración.
Los defensores de la propuesta señalan que la eficiencia energética global mejoraría significativamente si se aprovechara el calor residual en lugar de generar energía adicional para calefacción. Los escépticos, sin embargo, señalan que los costes de infraestructura son considerables y que la ubicación de muchos centros de datos, pensados para estar cerca de fibra óptica y no de poblaciones, complica la integración con redes térmicas existentes.
El Chasqui
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