La edición genética de la línea germinal humana ha sido considerada durante años demasiado arriesgada para la práctica clínica. Sin embargo, un nuevo estudio publicado por equipos de la Universidad de Cambridge y del Instituto Salk demuestra que esa frontera se ha ido reduciendo de forma acelerada.

El trabajo, liderado por la científica Kathy Niakan, utiliza una variante de las herramientas CRISPR conocida como edición de bases. A diferencia del CRISPR-Cas9 convencional, que corta ambas cadenas del ADN, la edición de bases permite modificar letras individuales del código genético con mayor precisión y sin generar las roturas que pueden producir mutaciones no deseadas.

Los resultados demuestran que es posible corregir mutaciones asociadas a enfermedades hereditarias antes de la fecundación. Aunque los propios investigadores reconocen que los obstáculos técnicos y éticos para una aplicación en humanos siguen siendo considerables, el avance acelera la necesidad de debatir marcos regulatorios más específicos.

En América Latina, donde varios países carecen de legislación sobre modificación de embriones humanos, el hallazgo plantea preguntas urgentes para los sistemas de salud de la región.