La Organización Mundial de la Salud ha elevado el nivel de riesgo del brote de ébola en la República Democrática del Congo de “alto” a “muy alto” a nivel nacional, mientras el número de casos se aproxima a 750 y las muertes alcanzan las 177. Es ya el tercer brote más grande de la historia de la enfermedad, por detrás únicamente de los registrados en África occidental entre 2014 y 2016 y en la RD Congo en 2019.

El epicentro se encuentra en la provincia de Ituri, una zona azotada por conflictos armados que dificultan significativamente el acceso de los equipos médicos y de las organizaciones humanitarias. La combinación de violencia estructural, desplazamiento poblacional y un sistema de salud debilitado crea las condiciones perfectas para una expansión descontrolada del virus.

El virus del ébola se transmite por contacto directo con fluidos corporales de personas infectadas, lo que hace que los trabajadores sanitarios estén particularmente expuestos. Los protocolos de contención requieren equipos de protección individuales costosos y capacitación especializada, algo que las clínicas rurales de Ituri no siempre pueden garantizar.

Para América Latina, el brote representa un recordatorio de la vulnerabilidad global ante epidemias que se originan en regiones con infraestructura sanitaria deficiente. Los expertos en salud pública señalan que los sistemas de vigilancia epidemiológica en países como Colombia, Perú e Brasil deben mantenerse alerta ante posibles casos importados, aunque el riesgo de transmisión secundaria fuera del África subsahariana permanece bajo mientras se respeten los protocolos de contención.