El brote de ébola que erupciona desde la provincia de Ituri, en la República Democrática del Congo, continúa escalando de manera alarmante. Los casos se acercan a 750, las muertes reportadas ascienden a 177, y aproximadamente 1.400 contactos están siendo monitoreados por las autoridades sanitarias.
La Organización Mundial de la Salud actualizó su evaluación de riesgo, elevando el nivel de alto a muy alto a nivel nacional, mientras se mantiene alto a nivel regional y bajo a nivel global. Los funcionarios del organismo reconocieron que una demora en detectar y responder al brote permitió que creciera sin control.
El virus responsable del brote es el menos común Bundibugyo, que no cuenta con vacunas o tratamientos establecidos, lo que complica la respuesta sanitaria. “Ahora estamos corriendo detrás del virus para realmente intentar controlar este brote”, declaró la doctora Anne Ancia, representante de la OMS en la RDC.
Los trabajadores de salud enfrentan múltiples desafíos sobre el terreno, incluyendo zonas de conflicto activo en Ituri que limitan el acceso a las comunidades afectadas. A diferencia de brotes anteriores causados por el virus Zaire, este no tiene un perfil inmunizante autorizado, lo que obliga a los equipos a confiar en medidas tradicionales de contención.
El Chasqui
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