Daron Acemoglu, el economista estadounidense de origen turco que recibió el premio Nobel de Economía en 2024, ha publicado un análisis sobre la situación actual de la inteligencia artificial que contrasta notablemente con el optimismo habitual del sector tecnológico.
Hace casi dos años, Acemoglu publicó un documento de trabajo que no le ganó demasiados amigos en Silicon Valley. Contrariamente a lo que los directores ejecutivos de las grandes tecnológicas prometían sobre una revolución del trabajo cognitivo, el economista estimó que la inteligencia artificial ofrecería solo un pequeño impulso a la productividad estadounidense y que no sustituiría la necesidad de trabajo humano en la medida prevista.
En su último análisis, Acemoglu identifica tres áreas donde la IA presenta riesgos específicos que considera insuficientemente discutidos.
El primer riesgo es la concentración. Los modelos más potentes están en manos de unas pocas empresas, lo que da a esas organizaciones un poder sin precedentes sobre la infraestructura cognitiva de la economía. El segundo riesgo tiene que ver con la opacidad: nadie sabe exactamente cómo los modelos de lenguaje llegan a sus conclusiones, lo que dificulta la rendición de cuentas cuando algo sale mal.
El tercer punto de preocupación es el impacto sobre trabajos cualificados. Frente a la narrativa de que la automatización afectaría principalmente a trabajos rutinarios, Acemoglu argumenta que los modelos actuales están empezando a demostrar capacidad para tareas que requieren juicio, interpretación y comunicación, algo que antes se consideraba dominio exclusivo de profesionales humanos.
El Chasqui
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