Todo comenzó con una discusión en clase de matemáticas. Javier necesitaba una calculadora gráfica para sus estudios de bachillerato, pero el precio de las opciones del mercado le pareció absurdo. Así que en lugar de comprarla, decidió construir una propia. El resultado es una placa basada en un microcontrolador de bajo costo que ejecuta una versión adaptada de NumWorks, una calculadora gráfica francesa con licencia open source.
Javier no solo reprodujo el diseño sino que lo mejoró añadiendo una pantalla a color, mayor autonomía de batería y compatibilidad con el protocolo USB para conectarla al ordenador. Todo por menos de 20 euros en componentes. La comunidad educativa española ha recibido el proyecto con entusiasmo, y varios colegios e institutos de Andalucía y Cataluña ya han comenzado a probarlo.
La asociación de profesores de matemáticas de España lo ha incluido como recurso recomendado para el próximo curso. Mientras tanto, Texas Instruments y Casio, las dos marcas que dominan el mercado de calculadoras gráficas en educación, no han realizado declaraciones públicas sobre el asunto. El caso plantea preguntas sobre cuánto pagan los estudiantes por tecnología que ya existe en versiones gratuitas y de bajo coste.
El Chasqui
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