Si hay algo más difícil que ponerle puertas al campo posiblemente sea encontrar el borde de nuestra galaxia. O de cualquier otra, para el caso. Durante décadas, los astrónomos han intentado definir dónde termina la Vía Láctea, y ahora un equipo internacional de investigadores asegura que lo hemos estado haciendo mal.

El problema, según el nuevo estudio publicado en Nature, radica en las estrellas que hemos elegido como referencia. Los científicos siempre se habían centrado en las estrellas más brillantes y masivas, las más fáciles de observar desde la Tierra. Pero estas estrellas son precisamente las que más se mueven, las que migran de un lugar a otro dentro de la galaxia.

El equipo, liderado por investigadores de la Universidad de Cambridge, ha propuesto un nuevo método que utiliza estrellas más tenues y antiguas como marcadores del borde real de la galaxia. Estas estrellas, que habían sido descartadas por su aparente irrelevancia, resultan ser las mejoresindicadoras de dónde termina realmente el disco galáctico.

Los resultados tienen implicaciones profundas para nuestra comprensión del universo cercano. Si el borde de la Vía Láctea está más lejos de lo que pensábamos, entonces nuestra galaxia es más grande de lo que las estimaciones anteriores sugerían, y la cantidad de materia oscura que contiene podría requerir una revisión.