El Departamento de Defensa de Estados Unidos ha solicitado al Congreso una partida de 54.000 millones de dólares para desarrollar y adquirir sistemas de drones no tripulados durante el próximo año fiscal, en lo que representa la mayor inversión en tecnología militar autónoma de la historia del país. La cifra equivale al producto interior bruto de varios países latinoamericanos y supera los presupuestos militares completos de naciones como Perú, que gasta unos 3.800 millones anuales en defensa.

De los 54.000 millones solicitados, aproximadamente 22.000 millones se destinarían a drones de vigilancia y reconocimiento, mientras que 18.000 millones irían a sistemas de ataque autónomo capaces de identificar y neutralizar objetivos sin intervención humana directa. Los restantes 14.000 millones se dedicarían a la investigación de enjambres de drones que operen de forma coordinada mediante inteligencia artificial, un concepto que el Pentágono ha definido como el futuro de la guerra.

La petición se produce en un contexto de creciente preocupación en el Pentágono por el avance de China en tecnología de drones. Según fuentes militares citadas por medios estadounidenses, los servicios de inteligencia estiman que China ya produce más del 60 por ciento de los drones comerciales del mundo y ha desarrollado capacidades militares no tripuladas que igualan o superan las de Estados Unidos en algunos segmentos.

La solicitud de presupuesto ha generado un debate intenso en el Congreso. Varios legisladores han expresado preocupación por la ausencia de limitaciones éticas claras sobre el uso de sistemas de ataque autónomo, y han solicitado que una parte de los fondos se destine a estudios sobre los riesgos de delegar decisiones de vida o muerte a algoritmos. El Pentágono ha respondido que todos los sistemas de ataque requerirán aprobación humana antes de cualquier acción letal, aunque los expertos señalan que la tecnología ya permite operativos completamente autónomos.

Para América Latina, el auge del gasto en drones militares por parte de Estados Unidos tiene implicaciones directas sobre la seguridad regional. Varios países del continente han adquirido sistemas de vigilancia no tripulada a empresas estadounidenses e israelíes en los últimos años, y la transferencia de tecnología está sujeta a los acuerdos de defensa bilaterales. Los analistas advierten que la carrera de drones podría acelerar una militarización de las fronteras amazónicas y del Cono Sur.