Científicos de la Universidad de California en Santa Cruz han descubierto que los tiburones blancos del Pacífico nororiental están experimentando estrés térmico por el aumento de la temperatura del agua, lo que los obliga a modificar sus rutas migratorias tradicionales y abandonar zonas de alimentación que han utilizado durante siglos.

Los tiburones blancos, a diferencia de la mayoría de los peces óseos, son parcialmente endotérmicos: pueden regular su temperatura corporal internamente y mantenerla por encima de la temperatura del agua. Esa capacidad les permite nadar en aguas frías y cazar en zonas donde otros depredadores no podrían operar. Pero existe un límite térmico, y los datos recopilados durante los últimos cinco años sugieren que ese límite se está alcanzando con mayor frecuencia.

El equipo de la doctora Ana María Santiago siguió la pista a más de veinte tiburones y detectaron que en los meses de verano, cuando la temperatura del agua supera los 22 grados, los tiburones empiezan a experimentar dificultad para disipar el calor generado por la actividad muscular durante la caza. En condiciones normales eso no sería un problema, pero el estrés térmico acumulado obliga a los animales a reducir su actividad y abandonar zonas de alimentación.

Los investigadores advierten que el desplazamiento de los tiburones blancos hacia aguas más frías al norte tiene consecuencias en cascada para el ecosistema marino. Las focas y leones marinos, principales presas de los tiburones, se quedan sin su principal depredador en zonas costeras donde habían aprendido a cohabitar con los humanos.