En la Royal Society de Londres se celebró un encuentro a puerta cerrada en el que participaron ganadores de la medalla Fields, el máximo honor en matemáticas, junto a otros destacados investigadores británicos. El motivo era expresar su preocupación por una tendencia que consideraban una amenaza existencial para la disciplina: la acumulación de avances matemáticos por parte de empresas de inteligencia artificial.

Según los participantes, modelos como los desarrollados por OpenAI y Anthropic están generando resultados matemáticos que no se publican abiertamente, sino que quedan protegidos como secretos comerciales. Los reunidos expresaron su temor a que este fenómeno termine por monopolizar el conocimiento matemático en manos de unas pocas corporaciones.

Los reunidos reconocieron que las empresas tienen derecho legítimo a proteger cierta información, especialmente la vinculada a la seguridad nacional o al cifrado del comercio electrónico. Sin embargo, consideraron que cubrir bajo propiedad intelectual los avances matemáticos fundamentales representa un riesgo para el avance del conocimiento.

El debate refleja una tensión más amplia entre el modelo de innovación cerrada de las grandes tecnológicas y la tradición matemática de publicación abierta y revisión por pares, un sistema que ha regido el avance de la disciplina durante siglos.