California se convirtió en el primer estado de Estados Unidos en aprobar una legislación que protege el derecho de los jugadores a seguir disfrutando de videojuegos comprados digitalmente incluso cuando la empresa decide cerrar los servidores del juego. La ley, que pasó con amplio respaldo bipartidista, obliga a los publishers a entregar parches o herramientas que permitan al menos jugar en modo offline.

El proyecto de ley surgió como respuesta a casos como el de Evolve, el juego de shooter que dejó de funcionar de un día para otro cuando su estudio cerró, dejando a miles de jugadores sin acceso a un producto por el que habían pagado. Casos similares han ocurrido con títulos de Disney, Konami y otras empresas que han decidido discontinuar juegos multiplayer.

La industria del videojuego ha expresado su preocupación por los costos de cumplir con la nueva normativa, argumentando que mantener servidores activos o desarrollar parches offline para títulos antiguos puede resultar económicamente inviable. La ley entrará en vigor en 2027 y contempla excepciones para juegos gratuitos.