Australia fue el primer país del mundo en aprobar una legislación que prohíbe a los menores de dieciséis años utilizar redes sociales, una medida que entró en vigor a finales de 2025 y que ha servido como modelo para otros gobiernos. Desde entonces, al menos siete países han anunciado regulaciones similares, y varios otros se encuentran en proceso de redacción de proyectos de ley, según un análisis publicado por TechCrunch con datos de organizaciones de política digital.

Los defensores de estas medidas señalan estudios que vinculan el uso intensivo de redes sociales en la adolescencia con mayores niveles de ansiedad, depresión y alteraciones del sueño. También destacan el riesgo de exposición a contenido no supervisado y la posibilidad de contacto con depredadores digitales. Sin embargo, los críticos — entre los que se encuentran organizaciones de derechos digitales y varios grupos de adolescentes — advierten que estas prohibiciones pueden resultar contraproducentes y que apartan a los jóvenes de espacios donde también encuentran apoyo comunitario y expresión personal legítima.

En América Latina, la discusión apenas comienza. Varios gobiernos de la región han expresado interés en las experiencias de Australia y Europa, pero ninguno ha presentado hasta la fecha un proyecto de ley con posibilidades reales de aprobación. Los expertos en derecho digital advierten que las propuestas legislativas deben incluir excepciones para plataformas de mensajería privada — donde muchos adolescentes latinoamericanos se comunican con sus familias — y que la implementación técnica de estas restricciones plantea desafíos significativos.

Una preocupación recurrente en la región es la efectividad real de estas prohibiciones: los adolescentes con conocimientos tecnológicos básicos pueden utilizar redes privadas virtuales o simplemente mentir sobre su edad para crear cuentas, como ya se ha observado en Australia. Los defensores de la regulación argumentan que, incluso cuando las restricciones no son perfectas, el mensaje cultural que envían es valioso y puede modificar comportamientos sin necesidad de una fiscalización total.