El gobierno de Estados Unidos ha publicado un informe exhaustivo en el que acusa a agentes del gobierno chino de robar propiedad intelectual de empresas de inteligencia artificial a lo largo de varios años, en un operativo que las autoridades estadounidenses califican de “a escala industrial”. El documento, presentado ante el Congreso con participación del FBI y la Oficina del Director de Inteligencia Nacional, detalla cómo grupos vinculados al Ministerio de Seguridad del Estado chino lograron acceder a los sistemas de multinacionales del sector tecnológico.

Entre los casos citados en el informe se encuentran el robo de modelos de lenguaje entrenados con datos propietarios, diseños de arquitecturas de chips especializados para cargas de trabajo de inteligencia artificial e investigaciones inéditas sobre técnicas de entrenamiento. Las autoridades estadounidenses sostienen que estos robos han permitido a entidades chinas saltar etapas enteras del proceso de desarrollo de sus propios sistemas de inteligencia artificial.

China ha negado las acusaciones públicamente y las ha calificado de “difamación” en un comunicado emitido por su Ministerio de Asuntos Exteriores. El gobierno de Pekino ha añadido que Estados Unidos es el mayor agresor en materia de cibervigilancia industrial y ha subrayado que las revelaciones de Edward Snowden demostraron que la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense espiaba a empresas de telecomunicaciones europeas.

El informe tiene implicaciones directas para América Latina, donde tanto Estados Unidos como China buscan expandir su influencia en el terreno de la inteligencia artificial y las telecomunicaciones. Varios países de la región, entre ellos Brasil, México y Perú, se encuentran en un punto delicado: sus redes de telecomunicaciones y centros de datos aún dependen en gran medida de tecnología importada, lo que los coloca en una posición vulnerable ante posibles disputas tecnológicas entre las dos superpotencias.