El crecimiento exponencial del consumo energético de los centros de datos dedicados a la inteligencia artificial está obligando a la industria a repensar cómo se distribuye y gestiona la electricidad en sus instalaciones. Una de las respuestas más prometedoras viene de la mano de los transformadores de estado sólido, una tecnología que investigadores del MIT y varias universidades europeas están perfeccionando con el objetivo de implantarla a escala comercial.
Los transformadores tradicionales, basados en bobinas de cobre y núcleos de hierro, pierden entre el 8 y el 12 por ciento de la energía que transportan en forma de calor. En un centro de datos convencional esa cifra es asumible, pero cuando se opera con las cargas de trabajo que exige el entrenamiento de modelos de IA, las pérdidas se multiplican y la factura eléctrica se convierte en el segundo mayor costo operativo después del personal.
Los transformadores de estado sólido utilizan semiconductores de potencia y magnéticos avanzados para gestionar el flujo eléctrico con pérdidas inferiores al 3 por ciento. Además, permiten una gestión mucho más granular de la distribución, ajustando el voltaje y la frecuencia en tiempo real según la demanda de cada rack de servidores.
GE Aerospace y Siemens Energy han anunciado sendos programas de desarrollo conjunto con startups especializadas en electrónica de potencia. Se espera que los primeros prototipos industriales se instalen en centros de datos de prueba durante 2027.
El Chasqui
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