La escasez de chips de memoria RAM que ha golpeado a la industria tecnológica durante los últimos dos años no se resolverá hasta finales de 2027, según las proyecciones actualizadas de los principales analistas de semiconductores. La situación ha mantenido los precios de computadoras y servidores en niveles históricamente altos, afectando tanto a consumidores como a empresas que buscan equipar sus centros de datos.

La causa principal del cuello de botella es la concentración de la producción global en un pequeño número de fabricantes. Tres empresas —Samsung, SK Hynix y Micron— controlan más del 90% de la producción mundial de memoria DRAM, lo que significa que cualquier interrupción en una de estas plantas tiene un efecto amplificado en todo el mercado. Una serie de factores concurrentes han empeorado la situación: desastres naturales en Asia Oriental, cambios en los subsidios gubernamentales en Estados Unidos y la creciente demanda de chips de inteligencia artificial de alta gama que comparten líneas de producción con la memoria convencional.

La demanda de RAM de alta velocidad ha aumentado de forma significativa debido al auge de la inteligencia artificial. Los servidores utilizados para entrenar y ejecutar modelos de lenguaje requieren cantidades masivas de memoria, lo que ha desviado capacidad de producción hacia chips de especificaciones más altas, dejando el segmento de consumo en una posición aún más débil. Los fabricantes han priorizado los pedidos con mejor margen, lo que ha empeorado la situación para el mercado general.

Para los consumidores latinoamericanos, la prolongada escasez tiene consecuencias directas: los precios de las computadoras nuevas se han mantenido entre un 25% y un 40% por encima de los niveles previos a la crisis, y los tiempos de entrega de equipos personalizados se han extendido a meses en muchos casos. Varios analistas señalan que la situación podría mejorar parcialmente a mediados de 2026 si las nuevas plantas de memoria en Texas y Arizona comienzan a operar según lo previsto.

La crisis también ha puesto en evidencia la dependencia de la industria tecnológica respecto de la cadena de suministro asiática, un tema que ha cobrado mayor urgencia tras los recientes aranceles impuestos por Estados Unidos a semiconductores de origen chino. En América Latina, donde no existe capacidad significativa de fabricación de chips, la vulnerabilidad ante estas fluctuaciones globales es particularmente aguda.