DuckDuckGo, el buscador que apuesta por la privacidad del usuario como propuesta central, informó un incremento del 30 por ciento en sus instalaciones mensuales en lo que va del año. El crecimiento coincide con una oleada de críticas hacia la integración obligatoria de inteligencia artificial generativa en el buscador de Google, que ha modificado la experiencia de búsqueda sin dar opción a los usuarios de desactivarla.

El director ejecutivo de DuckDuckGo, Gabriel Weinberg, señaló que la situación representa “una elección fundamental sobre cómo debería ser la experiencia de búsqueda en internet”. Según Weinberg, la diferencia entre ambos servicios no es solo técnica, sino filosófica: mientras Google empuja funcionalidades de IA sin solicitar permiso, DuckDuckGo permite que el usuario controle qué datos se recopilan.

La integración de IA en los buscadores ha generado fricciones más allá de la privacidad. Los resultados de búsqueda ahora incluyen contenido generado que no está verificado y que, en algunos casos, ha proporcionado información médica o financiera incorrecta con alta confianza. Varios reguladores antimonopolio de Europa han abierto investigaciones sobre si la IA generativa en buscadores constituye una práctica desleal.

El crecimiento de DuckDuckGo es modesto en términos absolutos — sigue teniendo una cuota de mercado de un solo dígito — pero su trayectoria ascendente en un momento en que Google domina el mercado con más del 90 por ciento de las búsquedas globales sugiere que una porción significativa de usuarios está buscando alternativas.

La pregunta ahora es si DuckDuckGo podrá escalar su infraestructura para absorber a estos nuevos usuarios sin comprometer las velocidades de respuesta que hacen viable su uso cotidiano.