En el distrito de Tenderloin, uno de los barrios con mayores indicadores de pobreza en San Francisco, una organización sin fines de lucro está recurriendo a la robótica para resolver un problema humano persistente: la falta de voluntarios dispuestos a preparar comidas para personas enfermas y necesitadas.
Project Open Hand prepara cajas de comidas personalizadas según las necesidades médicas de cada paciente. El proceso requiere precisión, ya que los menús varían según condiciones como diabetes, enfermedades cardíacas o alergias alimentarias. La complejidad de esta tarea ha hecho difícil mantener un flujo constante de voluntarios humanos dispuestos a realizarla día tras día.
Alma Caceres, sous chef del proyecto, lo resume con claridad: “No es que sean más rápidos. Es que no se agotan, no necesitan descansos y mantienen la misma calidad durante toda la jornada”. Los robots colaborativos instalados en la cocina pueden trabajar durante horas sin perder concentración, algo que resulta difícil para los humanos en tareas repetitivas.
La experiencia de Project Open Hand ofrece una ventana hacia cómo la robótica y la inteligencia artificial podrían integrarse en el sector social en Estados Unidos. Aunque la automatización en la industria manufacturera ha generado preocupación por la pérdida de empleos, en el sector filantrópico la ecuación es diferente: no se reemplazan trabajadores, sino que se cubre un déficit estructural de mano de obra voluntaria.
El Chasqui
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