Los dramas cortos que inundan las plataformas de streaming chinas ya no dependen de equipos humanos de filmación. Un reportaje del MIT Technology Review revela que decenas de estudios en ciudades como Hangzhou y Shenzhen han implementado sistemas completos de producción basados en inteligencia artificial generativa, desde la escritura del guion hasta el renderizado de actores virtuales.
La productividad de estas fábricas de contenido es difícil de igualar con métodos tradicionales. Un solo estudio pequeño puede producir entre 300 y 500 episodios diarios de dramas de dos a tres minutos cada uno, todos generados con avatares digitales que lipsincronizan diálogos escritos por modelos de lenguaje. La calidad visual ha mejorado tanto que resulta prácticamente indistinguible de una producción grabada con actores reales.
El fenómeno ha impulsado un debate sobre la regulación del contenido sintético en China. Varias plataformas de video han comenzado a exigir declaración obligatoria cuando un video haya sido generado o editado principalmente con herramientas de inteligencia artificial. La medida busca proteger a los espectadores de ser engañados sobre la naturaleza del contenido que consumen.
Desde el punto de vista laboral, la producción automatizada amenaza con desplazar a miles de actores jóvenes, escritores freelance y equipos de producción en un país donde la industria del entretenimiento digital mueve miles de millones de dólares al año.
El Chasqui
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