Desde que los grandes modelos de lenguaje comenzaron a mostrar capacidades sorprendentes hace tres años, la comunidad científica debate sobre cuándo y cómo aparecerá la inteligencia artificial general, conocida como AGI por sus siglas en inglés. Lo que durante décadas fue un tema de ciencia ficción se ha convertido en una hoja de ruta explícita de empresas como OpenAI, Anthropic y Google DeepMind, cada una con cronogramas públicos que van de los cinco a los veinte años.

El problema, señalan los expertos consultados, no es la fecha exacta de llegada sino la ausencia casi total de mecanismos de control una vez que esos sistemas existan. No sabemos cómo alinear un sistema que sea significativamente más inteligente que nosotros, admite uno de los investigadores anónimos que participa en el artículo. No tenemos ni el vocabulario teórico para describir lo que podría pasar.

Para América Latina, esta conversación tiene una dimensión adicional. La región, que ya sufre desigualdades profundas en el acceso a tecnología, podría quedar todavía más rezagada si la AGI consolida el poder tecnológico en unas pocas empresas y países. Varios gobiernos latinoamericanos han comenzado a participar en foros internacionales sobre seguridad de la IA, pero con voz muy menor frente a las potencias tecnológicas.