Kepler Communications ha activado el que describe como el mayor cluster de computación espacial en operación del mundo, una constelación de 10 satélites que procesan datos directamente en órbita sin necesidad de transmitirlos a la Tierra para su análisis. Cada satélite está equipado con 40 procesadores Nvidia Orin, conectados entre sí mediante enlaces láser de alta velocidad que permiten distribuir las cargas de trabajo de procesamiento entre toda la red.
La aplicación práctica de esta infraestructura es la computación perimetral en órbita: en lugar de enviar datos sin procesar desde los satélites de observación terrestre o sensores remotos, el cluster puede realizar análisis complejos antes de transmitir únicamente los resultados relevantes. Esto reduce dramáticamente los requisitos de ancho de banda y permite respuestas en tiempo real para aplicaciones que antes eran técnicamente inviables por las limitaciones de latencia.
La empresa, con sede en Toronto, Canadá, ha firmado acuerdos con operadores de satélites de observación terrestre y agencias gubernamentales que requieren procesamiento rápido de grandes volúmenes de datos geoespaciales. El director ejecutivo de Kepler, Mina Mitry, explicó que el sistema es particularmente valioso para monitoreo de desastres naturales y gestión agrícola de precisión en regiones remotas, donde las comunicaciones con servidores terrestres son lentas o poco confiables.
Para América Latina, la tecnología de Kepler tiene implicaciones directas en la observación del medio ambiente y la agricultura. Los países de la región dependen cada vez más de datos satelitales para monitorear la deforestación en la Amazonia, predecir rendimientos de cultivos y gestionar los recursos hídricos, pero la latencia en la transmisión de datos ha sido un cuello de botella. La computación orbital de Kepler podría posibilitar el análisis en tiempo real sobre estos territorios sin necesidad de infraestructura terrestre costosa.
El Chasqui
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