La relación entre la Generación Z y la inteligencia artificial está experimentando un deterioro acelerado. Si hace apenas un año los jóvenes de 18 a 27 años representaban uno de los grupos más entusiastas hacia la tecnología de modelos de lenguaje, los datos más recientes muestran un cambio drástico: el entusiasmo ha caído del 36% al 22% en el último año, y un 31% de los trabajadores de esta generación expresan abiertamente su enfado hacia los sistemas de inteligencia artificial que encuentran en sus entornos laborales.
El fenómeno va más allá de la simple preferencia generacional. Según los datos publicados por Xataka, un 44% de los trabajadores de la Generación Z reconoce haber saboteado activamente las estrategias de inteligencia artificial de sus empleadores. Las tácticas incluyen el uso de aplicaciones no autorizadas para realizar las mismas tareas que la IA corporativa, la introducción manual de datos en sistemas públicos de modelos de lenguaje para extraer información que después se presenta como trabajo propio, y la manipulación deliberada de métricas de desempeño para hacer que los sistemas de IA parezcan incapaces o ineficaces ante la dirección.
Las razones detrás de esta rebelión son múltiples. El miedo al reemplazo laboral domina las respuestas: un 48% de los encuestados considera que los riesgos de la inteligencia artificial en el mercado de trabajo superan los beneficios percibidos. Más allá del temor existencial a perder sus empleos, muchos trabajadores jóvenes señalan que las implementaciones de IA en sus empresas se han hecho sin formación adecuada, sin consulta previa y con promesas incumplidas sobre cómo la tecnología liberaría a los empleados de tareas repetitivas.
Este descontento plantea un desafío corporativo significativo. Las empresas que invierten fuertemente en implementaciones de IA para reducir costos operativos se encuentran con una fuerza laboral que boicotea activamente esas iniciativas. Los departamentos de recursos humanos reportan dificultades crecientes para contratar y retener talento joven cuando las políticas de IA son percibidas como amenazantes, mientras que los equipos de tecnología intentan cuantificar el impacto real de un sabotaje que por definición ocurre fuera de los sistemas monitorizados.
Los expertos señalan que la desconexión entre la narrativa corporativa sobre la IA y la experiencia diaria de los trabajadores jóvenes es el combustible principal de esta resistencia. Sin una participación genuina de los empleados en la implementación de estas herramientas, la brecha entre la inversión en inteligencia artificial y sus resultados productivos seguirá wideniéndose.
Lee la historia completa en Xataka.
El Chasqui
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